24 agosto, 2016

Diagnóstico post-aluvión en Chañaral muestra el impacto de la acumulación de relaves mineros en la inundación

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El estudio realizado por académicos de Ingeniería de la Universidad Católica, asociados al Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales (Cigiden), fue publicado en la prestigiosa revista científica Geophysical Research Letters con un diagnóstico post aluvión en Chañaral, a casi un año y medio de una de las inundaciones más catastróficas que ha afectado a la Región de Atacama.

La investigación apoyada por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) abordó la geología y morfología de la zona junto con analizar las características hidroclimáticas y los impactos del inusual evento registrado en marzo de 2015, que provocó 31 fallecidos, 16 desaparecidos y 164 mil damnificados, así como extensos daños en viviendas e infraestructura vial.

“Pese a que este evento presentó características únicas en la región, la acumulación de relaves mineros en la desembocadura del río Salado en Chañaral, que durante décadas modificó la morfología de la costa, y la construcción de la Ruta 5 Norte sobre estos relaves, fueron las principales causas que impidieron la evacuación natural de la crecida a través del cauce que desemboca por la ciudad”, señaló Cristián Escauriaza, académico del departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental UC y uno de los autores del diagnóstico.

Profesores de Ingeniería UC e investigadores de Cigiden publicaron investigación sobre primer análisis tras el aluvión ocurrido en Chañaral de marzo de 2015.

Profesores de Ingeniería UC e investigadores de Cigiden publicaron investigación sobre primer análisis tras el aluvión ocurrido en Chañaral de marzo de 2015.

El investigador del Cigiden destacó que una inusual combinación de factores climáticos contribuyó a generar un flujo de agua extremadamente alto en la desembocadura, llegando a un máximo estimado en 1000 m3/s. Esto, dijo, es comparable con el curso del río Baker, uno de los más caudalosos de Chile.

“Asimismo, las causas de la inundación llevaron a que los niveles de agua alcanzaran hasta 4,5 metros de altura en Chañaral, con velocidades máximas de 8 m/s, similar al poder destructivo de los grandes tsunamis registrados en el país”, informó Escauriaza.

Para el director del Cigiden y académico de Ingeniería UC, Rodrigo Cienfuegos, la inundación de Atacama puso en evidencia las consecuencias que pueden tener el diseñar obras o planificar ciudades sobre la base de registros históricos insuficientes y en un contexto de mayor incertidumbre climática, como también se vio con la inundación del Mapocho en abril pasado. Asimismo, agregó, es importante que la sociedad pueda valorar y visibilizar los ríos y quebradas para reconocer su valor y también sus peligros.

Desde el punto de vista de la alerta temprana de este tipo de eventos, el profesor Escauriaza señala que “si bien en el país existía la capacidad de pronosticar las características inusuales del evento meteorológico, se requieren esfuerzos importantes para traducir esas variables en posibles consecuencias sobre la comunidad e infraestructura”.

El desastre natural provocó 31 fallecimientos, 16 desaparecidos y 164 mil damnificados, así como extensos daños en viviendas e infraestructura vial.

El desastre natural provocó 31 fallecimientos, 16 desaparecidos y 164 mil damnificados, así como extensos daños en viviendas e infraestructura vial.

Cienfuegos precisó que existe una posibilidad real de que este tipo de eventos vuelvan a ocurrir. Por ello, llamó a complementar las capacidades y los conocimientos ya instalados en el país, con el propósito de avanzar en sistemas de alerta que reduzcan los impactos negativos de los desastres además de vincular mejor estos conocimientos con el desarrollo del país y la planificación del territorio.

En el diagnóstico físico del evento aluvional participaron además los investigadores Jorge Gironás -académico de Ingeniería UC-, Lina Castro, Vicente Zuazo, Emmanuel Mignot del INSA de Lyon, Francia, y Andrew Wilcox, académico de la Universidad de Montana, EE.UU.

Área de estudio

La tormenta registrada ente los días 24 y 26 de marzo del año pasado, afectó un área de 80 mil kilómetros cuadrados aproximadamente.

El área de estudio comprendió la cuenca del río Salado, que resultó severamente dañada por las inundaciones, tras recibir la precipitación total máxima durante el evento.

Tras los desbordes registrados, la morfología de la desembocadura del caudal resultó visiblemente alterada. También se produjo una erosión costera considerable.

La última gran inundación en el río Salado ocurrió en 1972. Antes de ese período, se conoce poco de las inundaciones registradas.

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