20 julio, 2015

Desempleo y políticas

Conoce el artículo publicado en Diario La Tercera, escrito por el profesor Ricardo Paredes, Rector Duoc UC. Revisa la nota en el siguiente link

«La tasa de desempleo es el indicador social de corto plazo más reconocible. Pero otros lo afectan y suelen esconder la situación de las familias. Por ejemplo, la tasa de desempleo puede reducirse si ante malas expectativas de hallar trabajo las personas dejan de buscar. Por ello, aumentos de la inactividad (caída de la participación) pueden estar detrás de una situación laboral desmedrada.
La caída de la producción en Chile no se ha visto reflejada en fuertes aumentos de tasa de desempleo, pero sí en importantes incrementos de la inactividad laboral. Ello no es sostenible en el tiempo, pues los inactivos debieran crecer algo menos que la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar (1,6% anual). En los meses recientes, el crecimiento de los inactivos ha superado largamente ese porcentaje (2,3%), lo que ha mantenido la tasa de desempleo a niveles bajos respecto de la real capacidad de la economía de generar empleo.

Aparte de los “factores de oferta”, una pregunta relevante es si el mercado laboral ha sufrido cambios estructurales que permitan predecir aumentos permanentes en el desempleo. Los datos sugieren que no; la tasa de creación de empleo en 2014 y 2015, aunque menos de la mitad de la observada en los tres años previos, sólo refleja el menor crecimiento de la economía y no una menor respuesta del mercado del trabajo.

La segunda pregunta es si ante una recuperación del crecimiento económico se volverá a tener el crecimiento del empleo observado desde 1985 para absorber el crecimiento de la población en edad de trabajar. La respuesta depende críticamente de políticas de corto y largo plazo, en desarrollo. De corto plazo es la discusión de la legislación laboral, y en particular, la posibilidad de las empresas de adaptarse ante cambios. Mayor dificultad de despido, rigidez adicional al reemplazo de trabajadores en huelga y menos capacidad de adaptación, perjudican el empleo. Ello parece paradojal, pues la conciencia colectiva señala que las reformas que facilitaron el despido en Latinoamérica han sido seguidas por despidos. Pero ello nada tiene que ver con el Chile actual, donde no hay el exceso de empleo que originó otras reformas. Hoy a Chile aplica una situación en la que las empresas están decidiendo sus inversiones y la contratación adicional (no despidos) depende de los costos esperados y de adaptación eventual.

La política de largo plazo más fundamental dice relación con la forma en que abordemos la educación, particularmente en lo técnico profesional. Una oferta de técnicos y profesionales de calidad debe complementar aquella de egresados de universidades, que se observa en relativa abundancia. Formar para el trabajo, para aplicar particularmente en la micro y mediana empresa los desarrollos y las innovaciones más conceptuales es la esencia de la innovación relevante que requiere el país. Ello, que puede ser la fórmula para sostener mayores salarios, mayor empleo y satisfacción de las familias, es parte de políticas que -por menos vistosas- han sido relegadas en la historia nacional y sobre la cual se pueden cifrar grandes esperanzas.»

Ricardo Paredes