7 enero, 2020

No lo podemos ignorar

Fuente: La Tercera, 20 de Octubre 2019

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SEÑOR DIRECTOR

La impactante segregación socioeconómica que presenta Santiago entrega una dimensión espacial a la gran desigualdad económica que vivimos en Chile. Para el sistema de transporte urbano esto tiene graves consecuencias, que poco a poco han ido estructurando un descontento que creo contribuye a los estremecedores eventos recientes.

La falta de gobernanza del uso del suelo a nivel metropolitano ha forzado a quienes viven en la periferia a realizar viajes cada vez más largos y en peores condiciones para encontrar oportunidades laborales. Esto contrasta con el sector oriente, que se desplaza mayoritariamente en auto y que cuando sube al bus o al Metro lo hace a contraflujo, experimentado condiciones de viaje sustancialmente mejores que las de quienes vienen en sentido opuesto.

Y nuestras intervenciones en gestión e infraestructura han tendido a acentuar estas desigualdades: reversibilidad de vías en Costanera; bicis públicas y ciclovías de calidad solo en el sector oriente; ignorar necesidad de infraestructura para los usuarios de buses, incluso en nueva autopista por Vespucio Oriente; construir autopistas que segregan en sectores populares y subterráneas en el sector oriente; impedir que los buses ingresen a zonas de alto ingreso; intervención del Estado en espacios públicos de muy distinta calidad en distintas zonas de la ciudad.

Entonces, para quienes viajan estas largas distancias en circunstancias usualmente indignas, nuestro extraordinario Metro se transforma en un momento de agobio, inequidad y deshumanización.

Las crisis son oportunidades para hacer cambios necesarios que de otro modo sería imposibles. Aprovechemos esto para repensar cómo gobernar nuestra ciudad de un modo más humano, equitativo y eficiente.

Juan Carlos Muñoz
Director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS)
Profesor del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística
Pontificia Universidad Católica de Chile