Un desafío de trabajo mancomunado
Por Patricio Lillo Gallardo, profesor del Departamento de Ingeniería de Minería, Pontificia Universidad Católica de Chile. La minería chilena enfrenta desafíos estructurales de primer orden. Uno de los principales son las implicancias del aumento sostenido de la profundidad de los rajos y de la caída de las leyes de los yacimientos: la ley media del cobre se redujo de 1,13% en 2002 a cerca de 0,6% en la actualidad, lo que obliga a mover cada vez más material por tonelada de cobre fino, con distancias de acarreo más largas y flotas de mayor tamaño. Ello se traduce en tres presiones simultáneas: sobre la productividad, sobre la contención de los costos medios y sobre la descarbonización de las operaciones. Respecto de esta última, el combustible de los camiones de extracción es uno de los frentes más relevantes. Según Cochilco, la mina rajo representa hoy el 42% del consumo total de energía de la minería del cobre y el 81% de sus combustibles, que a su vez son en más de un 90% diésel. La profundización agrava el problema: entre 2010 y 2024 la producción de cobre creció solo 1,6%, mientras el consumo energético de la mina rajo aumentó 79%. Mantener el nivel de producción exigirá, inevitablemente, más energía por tonelada extraída. Lo anterior plantea un desafío de trabajo mancomunado entre las compañías mineras, los OEM y el ecosistema de proveedores: llegar a tiempo con soluciones escaladas, y no solo con pilotos. Chile avanza a paso firme en esa dirección. Collahuasi puso en operación un sistema de trolley assist, electrificando un tramo de la ruta entre la mina y el botadero para que los camiones de extracción operen conectados a la red en lugar de quemar diésel. A este esfuerzo se suman Codelco, con las pruebas que desarrolla en Radomiro Tomic, y otras iniciativas en curso en distintas faenas del país. La industria va en una dirección alentadora, con un objetivo común: sacar el diésel del acarreo. Esa meta traerá, a su vez, una presión importante sobre la electrificación: reemplazar el diésel significa más consumo eléctrico en las faenas, y con ello más líneas de transmisión, subestaciones y sistemas de carga. Chile tiene que anticiparse, y eso exige coordinar acciones que hasta ahora avanzan por separado, como la planificación del suministro eléctrico, el desarrollo de la infraestructura y, muy especialmente, la tramitación de permisos, que toma años y puede convertirse en el cuello de botella de toda la transición. El desafío es de gran envergadura, pero la minería chilena cuenta con las capacidades técnicas, humanas y financieras para abordarlo, y su trayectoria muestra que ha resuelto transformaciones de esta escala antes. La tarea ahora es hacerlo con la anticipación y la coordinación que esta transición exige.
Un desafío de trabajo mancomunado Leer más ”










