Alumnos de Ingeniería UC y la experiencia en África que los transformó en líderes socialmente comprometidos
Alumnos de Ingeniería UC y la experiencia en África que los transformó en líderes socialmente comprometidos
17 estudiantes de Ingeniería UC estuvieron un mes en el país africano Tanzania construyendo un orfanato, enseñando inglés a los niños y conociendo la realidad de un país con alto porcentaje de pobreza en el marco del proyecto Ingenieros UC Desafiando Fronteras (IUCDF).
El grupo donó seis escritorios y 12 sillas para que los niños que están en secundaria puedan utilizar mobiliario de acuerdo a su tamaño. Tanzania, ubicado en la costa centro-este de África con aproximadamente 37,5 millones de habitantes, tiene un 36% de la población bajo la línea de pobreza.
Soledad Ferrer, subdirectora de Emprendimiento Social de la Escuela, los acompañó en la experiencia, y comparte aquí su visión de esta actividad como transformadora del perfil del Ingeniero UC.
¿De qué manera la Escuela de Ingeniería UC está preocupándose de que sus alumnos salgan siendo profesionales socialmente comprometidos?
Todos sabemos que los Ingenieros UC tenemos un sello en nuestra formación, y desde la Dirección de Responsabilidad Social (DRS) queremos poner un plus (extra) a esa formación, ayudando a los estudiantes para que desarrollen una conciencia social que les permita mirar las problemáticas del país y buscar soluciones.
Pensamos que todo Ingeniero UC debe ser un líder social, aunque no trabaje en temas relacionados a ello, pero que busque ser responsable socialmente desde donde le toque trabajar. Es por eso que la DRS ha creado programas como: las practicas sociales, dándoles oportunidad de conocer cómo trabajan las fundaciones y las empresas B; la investigación social; cursos sociales, en conjunto con profesores que usan sus ramos para desarrollar proyectos de esta naturaleza, entre otras instancias. Dentro de estos programas se creóIngenieros UC Desafiando Fronteras (IUCDF), buscando que los estudiantes desafíen las fronteras de su ciudad, región o país, y que se atrevan a conocer realidades culturales, sociales y religiosas completamente distintas a la de ellos. Esto con el fin de que desde esa experiencia de vida logren mirar y actuar diversamente, y se transformen en líderes sociales.
¿Qué precedentes sentó esta actividad en la tarea de generar esa conciencia de Ingenieros socialmente responsables?
Creo que dos actividades fueron muy importantes. Primero, el descubrir la realidad y a las personas de África desde África y no comparándola con Chile. Eso siento que ayudó a los estudiantes a valorar la pobreza, la alegría y la sencillez de sus habitantes, conocerlos como lo que son. Segundo, propusieron soluciones estando en África, acordes con la realidad de vida de ellos y de su manera de trabajar; empatizaron con el ritmo de trabajo, con las costumbres, con los materiales que usan. Entendieron que no tienen que tener para poder hacer, que lo importante es la actitud frente al problema.
Creo que estas dos vivencias les ayudarán a poder proponer soluciones adecuadas para realidades chilenas a nivel social, privado o público de nuestro país, empatizando con las personas y sus realidades.
¿Cómo ex alumnos pueden colaborar e involucrarse en iniciativas de este tipo?
Sería ideal que en unos años más podamos llevar un grupo de ex alumnos a África a realizar esta misma experiencia. Siento que ellos podrían apoyarnos dando a conocer el proyecto, colaborando con material para el orfanato o con ayuda económica para becar a algún estudiante seleccionado. Pero sobretodo entendiendo que están invirtiendo en el futuro profesional de su empresa que tendrá una mirada distinta al trabajar, al enfrentar problemas, al proponer soluciones.
Sebastián Corthorn, alumno de Ingeniería UC.
El alumno Sebastián Corthorn también comparte su experiencia en Tanzania:
El mayor aprendizaje que sacamos no fue del trabajo en sí mismo, ni de los sacerdotes ni de nuestros compañeros. El mayor aprendizaje viene de los niños. De Chile salimos con la idea y las ganas de trabajar mucho en la construcción y de enseñarle lo más posible a estos niños. Pero fueron ellos los que, a través de su alegría y fé, nos enseñaron a nosotros. Estos niños son pobres y a la vez son ricos. Son pobres porque su riqueza material es casi nula, y sus posesiones se pueden contar con los dedos: dos poleras, un pantalón, un calzoncillo, sandalias y su rosario. Pero poseen una riqueza espiritual muy grande. Esto último se ejemplifica con la despedida, en la que les regalamos una foto, una carta y una polera. Ellos, en cambio, nos regalaron la promesa de rezar todos los días por nosotros. Personalmente, creo que esa dedicación diaria de pensar en el bienestar del otro vale más que mil fotos, mil cartas y diez mil poleras.
Simon, uno de los niños del lugar, me preguntó si volveríamos el otro año. Le respondí que era difícil, que lo más seguro era que no. Y me preguntó: ¿Por qué es difícil? Y ahí no supe qué responder, porque ya no tenía la respuesta. Antes hubiera dicho: por la plata, por la logística, por los permisos, por el viaje. Pero después de verlos a ellos haciendo cálculos difíciles mentalmente, haciendo un compás con solo una hoja de papel, estudiando hasta muy tarde en la noche, después de ver a los ciegos haciendo figuras de arcilla. Después de ver a Joshua, un ciego, andando en bicicleta y a Baraka aprendiendo inglés tan rápido, nada parece imposible. Si estos niños, que ven a su familia (si es que tienen) una semana al año, que se duchan con agua de pozo, que comen con la mano y que juegan fútbol a pie descalzo son más felices que cualquiera de nosotros, entonces cambiar el mundo es más fácil de lo que creemos.

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